Los participantes deben soportar días en esa habitación blanca con colchones, haciendo ejercicios constantes, vestidos con mamelucos blancos y expuestos a sonidos tortuosos como llantos de bebés, tiza en pizarra o música perturbadora; una concursante resistió 100 horas, más de cuatro días, y salió desmayada.
El panel comparó la experiencia con torturas de la dictadura brasileña, citando una carta de la Comisión de Desaparecidos, y cuestionó los límites éticos pese a contratos firmados y reglas conocidas, aunque los aislados se sorprenden con juegos como este que ya apareció en ediciones previas desde enero.
La productora defiende que hay apoyo psicológico y psiquiátrico constante, pero participantes salen descompensados emocionalmente en picos de estrés, generando polémica sobre si todo vale en realities que pretenden mejorar el comportamiento humano.