Carlos contó cómo fue discriminado desde la infancia por su labio leporino, sufriendo rechazo, bullying y violencia en el colegio, lo que lo llevó a defenderse a golpes y a rebelarse.
A los 15 años lo detuvieron por tenencia de drogas, momento en que su padre descubrió su consumo, lo que empeoró todo: se aislaba, no socializaba, padecía insomnio, dolores de cabeza, escuchaba voces de pánico, destruía objetos por agresividad y usaba cualquier sustancia disponible como escape, incluyendo inhalar nafta cuando faltaba dinero para cocaína.
Quedaba en un estado completamente perdido, hundido en el vacío por el rechazo inicial que lo marcó de por vida.