NGC 1068, una galaxia espiral cercana, esconde un agujero negro supermasivo en su centro dentro de un capullo de gas y polvo, invisible directamente pero observable con luz infrarroja, ondas de radio y rayos X.
Estudiarla es como ver un bosque desde arriba, a diferencia de nuestra Vía Láctea que observamos desde dentro. Dentro del capullo, un disco acelera y expulsa billones de neutrinos cargados con información del agujero negro; solo docenas podrían detectarse en la Tierra.
Los neutrinos, comparados con el dios griego Hermes, mensajeros escurridizos que oscilan sin posición fija, atraviesan planetas a casi la velocidad de la luz portando datos del universo.