Miguel, un chileno radicado hace 25 años en Israel con esposa argentina, defiende la convivencia entre árabes y judíos durante un debate en vivo sobre el conflicto en Gaza. Miguel critica que se omita el rol de Hamas en la ecuación de la paz y recuerda que nunca votó por Netanyahu, quien enfrentaba protestas masivas y causas por corrupción antes de la guerra. Asegura vivir en una ciudad mixta como Nofagalil, donde árabes y judíos coexisten, y cuestiona las acusaciones unilaterales contra Israel.
Panelistas del programa lo confrontan duramente, recordándole las condenas de Naciones Unidas y el Tribunal Internacional de Justicia contra Netanyahu por genocidio, además de protestas previas en Israel contra él. Acusan a Israel de ocupar territorio palestino y financiaron a Hamas vía Qatar para debilitar un Estado palestino, citando frases de Netanyahu en 2018. Miguel responde destacando resoluciones de ONU que legitiman a Israel y la financiación iraní a proxies terroristas.
La discusión escala con interrupciones y gritos: panelistas comparan a Israel con un "grandote pegando a un bebé" y mencionan ataques israelíes a Siria, Líbano, Yemen e Irán, mientras Miguel exige equilibrar responsabilidades y lamenta la muerte de niños argentinos por Hamas. El conductor intenta mediar, pidiendo diálogo y reconociendo racionalidad en ambos lados, pero el debate termina reconociendo la complejidad del tema.
Miguel enfatiza su experiencia personal como operario en fábrica, su origen en dictadura chilena y tendencia izquierdista, rechazando simplificaciones y abogando por paz por sobre geopolítica.