Argentina pierde 160 empleos por día debido a la desindustrialización impulsada por la liberalización del comercio exterior. La apertura a importaciones, especialmente chinas, impide fijar precios locales y destruye el tejido industrial al no competir.
Expertos advierten que se pierden capacidades técnicas, empresas y proveedores locales, afectando la estructura productiva. El foco en servicios agrava la situación.
Países vecinos como Uruguay y Paraguay enfrentan impactos similares en su complejidad económica.