Carla, argentina radicada en Arad, Israel, conecta en vivo tras recibir una alerta de misiles y muestra su camino al refugio comunitario más cercano. Explica que vive en una casa prefabricada sin refugio propio, por lo que corre 20 segundos hasta el bunker compartido, que alberga hasta 100 personas con colchones, aires acondicionados, heladeras y baños renovados cada ocho meses.
Describe el temor generalizado: la gente duerme mal por alertas a cualquier hora, helicópteros y aviones zumban todo el día cerca de la base aérea Nebatim, y durante Shabbat las calles quedan desiertas porque muchos no tienen smartphones avanzados. Algunos residentes, especialmente con niños pequeños o ancianos, pernoctan directamente en los refugios.
Carla, quien ha vivido tres guerras en Israel incluyendo la de 1991 con Saddam Hussein, afirma acostumbrarse a la rutina pese al ruido ensordecedor de aviones bajos y la necesidad de ayudar a vecinas de 87 y 92 años. Compara la inseguridad en Argentina con la vida allí, insiste en que la guerra es cíclica y no ve fin cercano, pero enfatiza que hay que trabajar y seguir adelante en cualquier lugar del mundo.
Revela que sus hijos lo toman como un juego pero están informados, y los padres trabajadores lo tienen más complicado. La conexión muestra el interior del refugio con gente durmiendo y el cielo nocturno sin movimientos visibles en ese momento.