La AFA organizó un avión privado para rescatar al cabo primero de Gendarmería Nahuel Gallo tras 448 días de detención ilegal en Venezuela, donde sufrió torturas psicológicas y físicas, incluyendo entubamientos sin anestesia a presos en huelga de hambre. Gallo, maratonista resistente, corría en su celda de tres por dos metros para mantener la mente clara, recordando a su familia.
El gobierno argentino realizó intensas gestiones diplomáticas desde el primer momento, contactando a cancillerías, Marco Rubio y hasta Lula, con planes de contingencia en cinco países para su evacuación. Sin embargo, las autoridades venezolanas ignoraron el permiso oficial de viaje de Gallo y lo trataron como ficha de cambio, subiendo su precio al saber que era uniformado argentino.
Gallo fue trasladado encapuchado a un aeródromo el sábado, donde le quitaron la capucha y lo entregaron a dos personas con carteles de AFA, vestidas elegantemente. Subió al avión privado sin saber quiénes eran, recibiendo una videollamada de Claudio 'Chiquitapia' Tapia, presidente de la AFA, quien le confirmó su regreso a Argentina. Durante el vuelo, tomaron mate y conversaron con los pilotos.
Al aterrizar en Argentina, el jefe de Gendarmería y Patricia Bullrich lo recibieron; Gallo se cambió inmediatamente la ropa de la cárcel por el uniforme. Lo pelaron antes de subirlo, marca de la Dirección General de Contrainteligencia Militar venezolana (GECIM o DG-5). La ministra Bullrich defendió las gestiones gubernamentales y minimizó celos por el rol de la AFA, priorizando la llegada sana de Gallo.
La Federación Venezolana de Fútbol, ligada a Delsi Rodríguez, facilitó la negociación. El senador Abdala calificó a la AFA de 'taxi', pero Bullrich aclaró que actuó como negociador clave en una liberación humanitaria.