Un hombre rico pierde a su único hijo soldado en la guerra, y un soldado rescatado le entrega un retrato del fallecido en vísperas de Navidad.
El padre cuelga el cuadro en la chimenea, pero tras su muerte, en la subasta nadie quiere el retrato del hijo desconocido, hasta que el subastador anuncia que quien se lo lleve hereda toda la fortuna del padre, pues legó todo al que aceptara al hijo.
Navidad recuerda que Dios entregó a su único Hijo Jesucristo para liberarnos del pecado y Satanás, y quien se queda con el Hijo recibe toda la herencia del Padre, incluyendo la amistad restaurada perdida por el pecado en el Edén.
Dios prometió un Salvador desde Génesis y sacrificó a su Hijo para rescatarnos de la muerte eterna, haciendo de Navidad un llamado a priorizar a Jesús por sobre regalos y reuniones familiares.
El mejor regalo para Dios es aceptar a Jesucristo, ponerlo en primer lugar en corazón, familia y sociedad, desafiando a la audiencia a darle el lugar de honor esta Navidad para que el cielo festeje.