Un hombre rico, apasionado por el arte, pierde a su único hijo en la guerra, quien muere salvando a un soldado.
El soldado herido llega a la puerta del padre en vísperas de Navidad con un retrato hecho por él mismo del hijo fallecido, capturando fielmente su expresión en los ojos, como homenaje por haberle salvado la vida.
El padre emocionado coloca el cuadro en la repisa de la chimenea, donde todos los visitantes lo ven primero antes de la valiosa colección de Van Gogh, Picasso y Rafael.
Tras la muerte del padre, en la subasta de su colección, el subastador inicia con el retrato del hijo, pero nadie puja, prefiriendo las obras famosas, y surge una voz pidiendo pasar a lo importante.