Mario Pergolini explicó que un hijo adulto es la única persona a la que mirás a los ojos y no podés fingir, porque detecta todo al instante, como le pasó a él con su padre y ahora con su hijo Tomás de 32 años que paga impuestos y cuestiona abiertamente los problemas conyugales de sus padres.
Contó la anécdota de un tachero al nacer Tomás que le advirtió que el hijo no creerá en palabras sino en acciones, y resaltó que los hijos ven la incoherencia parental sin filtros, a diferencia de amigos o parejas.
Reflexionó sobre sus 35 años de matrimonio con momentos buenos, malos, perdones y conflictos sin resolver, y cómo los hijos cambian la dinámica al crecer, forzando honestidad.
Habló de consejos a su hijo de 16 años con 45 de experiencia, animándolo a vivir sin miedos sabiendo que saldrá bien, y definió el "bien" como estar sano, estimado por la gente pese a críticas, con familia sólida.
Mencionó su amistad inquebrantable con Diego Bebel desde los 17 años sin discusiones, filosofó sobre la muerte como polvo sin más, recordando a Jorge Lanata dudando de vida después.