El pastor explica el primer principio bíblico de la sexualidad: nuestro cuerpo tiene dueño, el Señor, citando Primera de Corintios 6:13.
Afirma que el cuerpo fue creado para el Señor, forma parte de Cristo y el pecado sexual lo afrenta gravemente, más allá de razones emocionales o físicas.
Critica el gnosticismo que veía el cuerpo como cárcel del alma y enfatiza que para el cristiano el autocontrol sexual es cristocéntrico.
Invita a la congregación a recordarse mutuamente que el cuerpo pertenece al Señor, no a uno mismo, independientemente de edad o estado civil.
La razón para vivir en dominio propio es la pertenencia a Cristo, no solo consecuencias mundanas.