Nahuel Gallo, liberado tras cautiverio en la prisión venezolana Rodeo 1, describió el lugar como de "bastante tortura" y atrocidades, pidiendo ayuda para liberar a 24 extranjeros aún encerrados; se quebró al hablar, diciendo que no se siente preparado para contar todo y que su mente sigue presa hasta que los liberen.
Gallo contó que recurrió a pequeñas cosas como pensar en su hijo o hacer una bandera argentina con jabones celeste y blanco para mantener la fortaleza mental; agradeció a venezolanos que lo ayudaron con medias pese a no tener visitas ni llamadas, y ahora busca recertificarse profesionalmente.
La psiquiatra Silvia Ventolila explicó que Gallo muestra disociación emocional típica de traumas extremos por violencia intencional humana, con hiperalerta activada; recomendó evitar entrevistas, estímulos y exigencias, priorizar calma y seguridad para bajar la amenaza percibida, ya que no se apaga fácilmente.
Ventolila comparó con sobrevivientes de campos de concentración como Viktor Frankl, destacando que la última libertad es la actitud; el tiempo de recuperación depende del contexto tranquilo, y hablar reactiva el trauma, por lo que Gallo debe decidir si habla y en qué ambiente.