Después de ataques masivos iniciales, Israel confirmó que su campaña militar contra Irán continuará al menos una o dos semanas más, con el objetivo de destruir sistemáticamente la capacidad militar del régimen iraní.
La Fuerza Aérea israelí lanzó más de 5.000 bombas en los primeros días, en una de las campañas aéreas más intensas de la historia, impactando sistemas de defensa aérea, depósitos de misiles, centros de comando, bases de la Guardia Revolucionaria e instalaciones en Teherán.
Ahora comienza la segunda etapa, apuntando a bases subterráneas conocidas como "ciudades de misiles", túneles profundos y búnkers bajo montañas que guardan misiles balísticos, el corazón del poder militar iraní.
Israel también ataca objetivos de Hezbollah en Beirut tras su ingreso al conflicto con cohetes y drones contra el norte israelí, ordenando evacuaciones masivas en el sur de Beirut. El gobierno libanés exige a Hezbollah que se desarme.
La región siente el impacto con cierres de espacio aéreo y tensión en el estrecho de Hormuz. Esta fase busca destruir la capacidad militar iraní y alterar el equilibrio en Medio Oriente, cuestionando si Irán puede responder ante la superioridad aérea israelí.