Gabriel, corresponsal en Tel Aviv, mostró las imágenes de su búnker hogareño, un dormitorio adolescente convertido en cuarto de seguridad con paredes de concreto, puerta metálica hermética y ventana de doble vidrio.
El ala del edificio está diseñada para resistir impactos de cohetes, drones o explosiones cercanas como las de Hamás hace dos años, aunque no confirma protección total contra misiles balísticos o de Irán.
La paradoja de la guerra combina juguetes infantiles con espacios blindados, normalizando lo anormal en la vida cotidiana israelí.
Gabriel trabaja frecuentemente desde casa, donde este búnker integrado permite continuar coberturas durante alarmas.