America policial El diario de Mariana

Ex esposa de Graff detalla obsesión familiar por plantas sobre cadáver

Tensión: intercambio (35°) Sesgo: crítico (-60)

La ex esposa de Cristian Graff, principal acusado por el asesinato de Diego Fernández Lima en 1984, declaró ante la Justicia sobre la casa familiar en Congreso donde se hallaron los restos óseos el año pasado. Contó que conoció a Graff en 1982, vivieron primero en la planta alta de la casa de sus padres y luego en la planta baja tras separarse, describiendo un trato familiar normal y cordial con asados en el quincho los fines de semana.

La testigo reveló detalles clave sobre el jardín donde apareció el cuerpo: impulsó la instalación de una pileta por antojo propio, pagada por su madre, pero los padres de Graff se opusieron a colocarla en el jardín por temor a lesiones, insistiendo en ponerla cerca de la casa, lejos del sitio de los restos. Explicó que un cedro gigante estaba plantado encima del lugar donde se encontraron los huesos, y que los pinchos del árbol motivaron moverlo cerca de la casa, sugiriendo que plantaron un árbol sobre el cadáver.

Destacó la obsesión de la familia Graff, especialmente el padre Federico, por no tocar las plantas ni el jardín impoluto, pidiendo a obreros durante obras que no las rozaran, lo que ahora resulta sospechoso ya que ocultaban el cuerpo debajo. Graff nunca mencionó compañeros del secundario St. Patrick ni a Diego, pese a que se conocieron en 1987, tres años después de la desaparición, y describió a Graff como frío pero afectuoso padre, no violento, con hobby en electricidad pero sin manejo de motos.

Agregó que la familia era distante, hablaba alemán, sin obediencia ciega, y que el padre Federico era alcohólico, bebiendo ginebra desde la mañana y asistiendo a una parroquia con apoyo familiar, cuestionando la "normalidad" familiar. En móvil en vivo, Graff ingresó a la casa evitando hablar del testimonio de su ex y del cuerpo en su jardín, repitiendo "otra vez lo mismo".

Los conductores enfatizaron la valentía de la testigo pese al impacto familiar, incluyendo posible involucramiento de abuelos, y la empatía con la madre de Diego, quien espera su llamado hace 40 años sin cambiar el teléfono.