Ester relató cómo un misil impactó en el patio de su departamento en Israel, dejando vidrios por todos lados y obligándola a refugiarse en un hotel con su marido y vecinos. Confirmó que anteayer sonó la última alarma roja, tras días de alertas constantes con 634 ayer y 667 anteayer.
En el hotel, el vecindario entero convive con contención estatal y solidaria, incluyendo mesas de ayuda para medicación, comida para mascotas y organización comunitaria. Ayer Ester pudo llorar por primera vez, abrumada por el destrozo en su sillón lleno de vidrios y la incertidumbre en un complejo grande.
Explicó que ya inician tareas de reconstrucción, aunque algunas casas deben demolerse, y pese al riesgo de nuevos misiles, Israel respeta las alertas y zonas protegidas. Comparó con su experiencia en la AMIA y enfatizó que el enemigo ahora es Irán con armamento sofisticado, pero Israel ganará esta guerra de supervivencia.
Ester avaló la guerra contra el régimen iraní por su fanatismo destructivo, citando ataques como el misil a un hospital, y defendió la existencia de Israel pese a su pequeño territorio. Insistió en que el conflicto es religioso, no económico, y los fanatismos se combaten con educación para la paz y empatía.
Criticó mirar el conflicto desde óptica latinoamericana sin entenderlo, y convivió en su aula con árabes, judíos y cristianos respetándose mutuamente, pero rechazó cuando la ideología fanática ignora la vida humana.