Estados Unidos e Israel destruyeron casi 2.000 objetivos iraníes con más de 2.000 municiones en menos de 100 horas durante la Operación Furia Épica, degradando las defensas aéreas, misiles balísticos y drones iraníes, según confirmó el portavoz militar Pat Cooper.
Rusia busca posicionarse como mediador para frenar la escalada, con Vladimir Putin advirtiendo amenazas a aliados árabes y conversando con líderes del Golfo Pérsico para estabilizar la zona.
El secretario de Defensa de EE.UU., en rueda de prensa en el Pentágono, calificó los resultados de la campaña como devastadores, decisivos y sin piedad, destacando que Irán está acabado o lo estará pronto, con fuerzas adicionales llegando y la combinación con Israel generando pura destrucción contra adversarios islamistas radicales iraníes.
La diplomacia rusa critica la intervención occidental por romper el equilibrio regional, mientras el Kremlin reitera su compromiso para detener la violencia que impacta al Golfo Pérsico.
La comunidad internacional observa con cautela el rol estabilizador de Moscú frente a la política de fuerza de Washington.