La Policía de la Ciudad reprimió brutalmente la protesta pacífica de 900 trabajadores despedidos de FATE frente a la Secretaría de Trabajo en Avenida Alem, apenas 10 minutos después de iniciada, usando un gas lacrimógeno nuevo y tóxico que provoca arcadas, ardor y dificultad para respirar, afectando a familias, jubilados, docentes y periodistas.
Trabajadores como Walter denunciaron que la policía retuvo micros con compañeros en Retiro, impidiéndoles llegar a una audiencia pactada en el Ministerio, pese a la autorización previa de la protesta por el gobierno de Jorge Macri. Critican que el gobierno nacional y porteño gasta en represión contra contribuyentes que pagan impuestos elevados como ABL y luz.
Sonia Alesio, dirigente docente, calificó la violencia como "permanente" ante 300.000 desempleados, acompañados por CGT, CTA, ATE y partidos de izquierda. El comunicado del Ministerio de Seguridad alega corte de metrobús y encapsulamiento para liberar tránsito, pero periodistas en vivo desmienten interrupciones significativas y muestran avance policial con hidrantes y escudos.
Los manifestantes fueron llevados a Plaza San Martín, donde la policía los rodea con infantería y motos, mientras se anuncia conferencia de prensa de Alejandro Crespo, delegado de FATE, para denunciar la represión a una manifestación pautada desde el lunes.
Panelistas advierten naturalización de la represión a reclamos laborales básicos, evocando límites al ajuste por capacidad represiva del Estado, en medio de cierre de fábricas e industricidio.