En el programa, se dirige a quienes consideran el suicidio por tristeza o evaden problemas con vicios y salidas nocturnas, prometiendo mostrar cómo Natalia venció el vacío existencial, depresión y adicciones.
Natalia relata su infancia caótica con padres peleando, violencia verbal y psicológica, bullying en la escuela, pensamientos suicidas, vicios desde secundaria (cigarrillo, alcohol, boliches) y relación destructiva con cocaína, celos y golpes, llegando a llorar noches enteras.
Una amiga la invitó a la Iglesia Universal; un miércoles sintió el perdón de Dios, borrón y cuenta nueva, empezó a asistir regularmente por la paz percibida, dejó vicios gradualmente y decidió bautizarse en aguas para dejar atrás a la Natalia depresiva y con deseos de muerte.
Buscó el Espíritu Santo en oración, sacrificando orgullo y rencor, transformando su vida por completo gracias a la iglesia.