Nahuel Gallo, cabo de Gendarmería, estuvo incomunicado 448 días en el Rodeo I de Venezuela, donde enfrentó amenazas de muerte explícitas por parte de sus captores ante una posible captura de Nicolás Maduro por Estados Unidos, según testimonios de otros presos políticos recabados por periodistas.
Gallo fue visto muy delgado en una foto del régimen como prueba de vida, tomada en un patio poco accesible para presos extranjeros, y su acceso al aire libre estaba altamente restringido, en un centro de reclusión ilegal sin Estado de Derecho.
Su hijo Víctor, de tres años, pasó dos cumpleaños sin su padre porque Gallo no podía comunicarse, y la familia debió huir de Venezuela en un operativo de seguridad: la madre, María Alexandra, había ido hasta las puertas del Rodeo exigiendo verlo, pero le negaban su presencia.
Hoy declara a las 15:30 en el Edificio Centinela con la ministra Alejandra Monteoliva, canciller Pablo Quirno y jefe de Gendarmería, posiblemente sin preguntas, en medio de una recuperación física y emocional compleja para él y su familia.
Expertos destacan el calvario tortuoso para el niño y la familia, con Víctor sin entender por qué su papá no llamaba.