Los micro y nanoplásticos se acumulan en el cerebro humano en cantidades equivalentes a más de un tenedor, un cuchillo y una cucharita, es decir, unos 6-7 gramos, según un estudio de la revista Nature que reporta un aumento del 50% en ocho años.
Estos plásticos cruzan la barrera hematoencefálica, se inhalan del ambiente, provienen de botellas, recipientes calentados en microondas, ultraprocesados, neumáticos, ropa y productos de cuidado personal, y se consumen o aspiran semanalmente en esa cantidad alarmante.
Los expertos advierten sobre sus efectos tóxicos: generan inflamación, desequilibrio hormonal, estrés oxidativo, mayor riesgo de cáncer y acumulación progresiva que podría vincularse a enfermedades autoinmunes como la de Hashimoto.
Se relacionan también pesticidas con trastornos neurológicos, endócrinos, problemas reproductivos, inmunológicos y cáncer, recomendando pequeños cambios como usar vidrio o porcelana en lugar de plásticos, evitar ultraprocesados y optar por orgánicos sin fanatismos para reducir la exposición.