Tami, ciudadana israelí radicada en Farsaba, centro de Israel, acaba de volver de un refugio subterráneo tras sonar la sirena por misiles balísticos y supersónicos lanzados desde Irán. Son las 3:30 de la mañana allá y tiene dos hijos en el ejército trabajando en combate. Explicó que solo los refugios subterráneos protegen contra estos misiles, ya que destruyen edificios como se vio en Tel Aviv recientemente.
Israel cuenta con refugios públicos marcados en las veredas de hormigón para protección rápida, habitaciones seguras en casas con hormigón armado y puertas reforzadas, pero para ataques iraníes solo sirven los subterráneos. Suena una pre-alarma en todo el país antes y la alarma principal es tan fuerte que daña el oído, pero se escucha incluso con el teléfono apagado.
La conexión se cortó por problemas técnicos después de que Tami describiera su vida bajo constante amenaza. El conductor Sergio Lapewré resaltó lo tremendo de la situación en ambos lados del conflicto.
En paralelo, Arián, iraní radicado en Rosario hace ocho años, continuó denunciando el régimen opresor que obliga a velo total para mujeres, prohíbe opiniones libres y prioriza hombres en todo. Su familia emigró por opresión religiosa, crisis económica y pobreza extrema; él evade el servicio militar obligatorio de dos años que enseña a matar y ahora trabaja con su auto en apps.
Jugadoras de fútbol iraníes protestaron boicoteando el himno en Copa de Asia, arriesgando represalias familiares en un régimen debilitado al borde del colapso. Arián volvería solo si cae el régimen; elogió Argentina por su libertad, amabilidad y ausencia de discriminación, donde casi 8 millones de iraníes emigraron desde la caída del rey.