El gendarme Nahuel Gallo, liberado tras 448 días preso en la cárcel venezolana Rodeo 1, enfrentó un interrogatorio de siete horas en el Edificio Centinela del Ministerio de Seguridad. Agentes lo presionaron para que vinculara a la AFA y a la diputada Marcela Pagano con su liberación, prometiéndole ascenso, trabajo y departamento en Colegiales, pero le impusieron custodia permanente de Gendarmería para vigilarlo.
Hubo una última presión con ofertas para que accediera a su discurso controlado, sin mencionar dirigentes políticos ni el operativo de extracción de Arieto realizado por dirigentes de la AFA en un avión de Flybondi. El panel denunció que el gobierno, en vez de celebrar el rescate heroico, lo investiga y califica de medocre, extorsionando a Gallo con amenazas de develar información sensible personal y familiar.
La familia de Gallo, originaria de Catamarca y alojada en dependencias de Gendarmería en Tucumán, vive con temor. En Venezuela quedan la madre de su hijo, que trabaja en Gendarmería, su suegra militante venezolana y otros seres queridos sobre los que ejercen fuerte presión para silenciarlo. Su conferencia se retrasó porque Gallo se plantó y reiteró su renuncia a la Fuerza.
Compararon con Germán Giuliani, otro argentino detenido, acusado de ayudar en narcotráfico al buscar a un serbio con drogas. Patricia Bullrich pide su libertad, pero Venezuela se niega por ser narco, a diferencia de Gallo, visto como preso político. Marcela Pagano y Oscar Laborde gestionaron ambos casos, pero Caracas diferenció: Gallo político liberable, Giuliani penal no. Fuentes confirman que interlocutores como Jorge Rodríguez rechazaron narcos.
El debate resaltó la soberanía venezolana y analogías con la justicia penal durante la dictadura argentina, que funcionaba pese al régimen. El gobierno sabía del tinte político de Gallo pero no gestionó pese a contactos con Delcy Rodríguez.