Viviana González cargó durante casi 40 años con una maldición profirida por su madre, quien la insultaba diciéndole que no valía nada y que nadie la tomaría en serio.
Esos insultos le generaron complejos, depresión desde los 13 años, aislamiento social y decisiones erróneas como casarse joven para escapar, lo que derivó en un matrimonio con maltrato y violencia de género.
Al volver a la casa materna con sus hijas, el infierno empeoró: su madre la desvalorizaba frente a ellas, impidiéndole trabajar y criarlas a su manera, repitiendo el ciclo de maldición.
Llegó a la Iglesia Universal, obedeció la palabra de Dios al pie de la letra, dejó atrás insomnio, ataques de pánico, visiones de bultos y pensamientos suicidas, recuperó su autoestima y ahora vive en paz criando a sus hijos con amor.
El presentador resaltó cómo palabras negativas de la madre destruyeron su autoestima y la invitó a entregar la marca del mal por la marca de Dios este viernes, con un elemento consagrado por el obispo Julio Freitas en Tierra Santa, disponible gratis en la iglesia de Flores.