Estados Unidos e Israel bombardearon el edificio del Consejo de Guardianes en Teherán, causando la muerte de al menos 48 líderes del régimen iraní. Irán respondió atacando refinerías en Arabia Saudita, el aeropuerto de Dubái y producciones de gas en Qatar, lo que elevó el precio del gas un 40% en el mercado internacional. Europa se involucró enviando fragatas y sistemas antidrones a Chipre.
Donald Trump publicó en X que la defensa aérea, fuerza aérea, armada y liderazgo iraníes han desaparecido, rechazando el diálogo con la frase "demasiado tarde". En su primera aparición pública post-ofensiva, Trump afirmó que la acción continuará todo lo necesario, mientras Marco Rubio, secretario de Estado, advirtió que los peores ataques están por venir. Pete Hegseth, secretario de Defensa, buscó calmar al asegurar que no será una guerra interminable como Irak.
Panelistas debaten la posibilidad de colapso del régimen iraní: expertos dudan que caiga solo por ataques aéreos, comparando con Saddam Hussein y Hitler, y destacan la fuerza de milicias y orgullo persa. Trump busca apoyar grupos internos como kurdos para derrocarlo sin tropas terrestres, evitando romper promesas electorales de no más guerras largas en Medio Oriente.
En EE.UU., crecen divisiones republicanas y críticas demócratas por falta de autorización congressional; seis militares murieron. La guerra impacta la economía: suben precios de energía, nafta e inflación, preocupando a votantes ante elecciones de noviembre, donde la affordability es clave pese a encuestas rechazando intervenciones.