Se muestra un testimonio de una persona que vive toda la vida sin olfato, o anosmia congénita, quien depende de su madre para elegir perfumes y extraña aromas de comida casera.
Relata un peligro real: no detectó una pérdida de gas que incendió el anafe, pero llegó a tiempo; enfatiza el vacío emocional y práctico de la condición.
La especialista Estela Maris explica que requiere resonancia magnética para verificar estructuras olfatorias, o puede ligarse a síndromes como el de Turner.
El olfato actúa como vigilante de gases, humo, higiene personal y relacional, previniendo halitosis en interacciones diarias.