La ex esposa de Cristian Graff, Sara, madre de sus hijos, declaró como testigo en la causa por los restos de Diego Fernández Lima, desaparecido en 1984 y hallados en 2025 en el jardín de la casa familiar Graff, lindera a la ex propiedad de Gustavo Cerati. La Cámara de Apelaciones señaló a Graff, compañero de colegio de la víctima, como posible asesino o encubridor, y ordenó indagar su entorno.
Sara describió a Graff como padre afectuoso y no violento, pero reveló que su padre, Federico Graff, era alcohólico severo: se levantaba para beber ginebra y volvía ebrio, desordenando la dinámica familiar. La testigo no sabía de terapias para ellos, aunque Federico asistía a la parroquia San Patricio con la familia. Graff cuidaba la imagen pública de su padre, ocultando su adicción.
En el móvil en vivo, la periodista Sofía confrontó a Graff al ingresar a su casa: evadió preguntas sobre el testimonio de su ex esposa y el cadáver en el jardín, respondiendo "Otra vez con lo mismo". El panel destacó su actitud evasiva y la valentía de Sara, quien empatizó con la madre de Diego, que mantiene el teléfono fijo hace 40 años esperando su llamado.
Sara confirmó que nadie podía pisar ni remover tierra cerca del cedro donde hallaron los restos, a 3-4 metros de la pileta construida después. Negó armas en la casa y notó obsesión por ese sector del jardín, evitando remociones incluso tras su divorcio. El cuerpo mostraba violencia y intento de desmembramiento; el panel especuló sobre encubrimiento familiar y cuestionó cómo Graff protege la imagen de su padre fallecido en lugar de culparlo.
Los conductores y panelistas resaltaron el simbolismo del cedro (inmortalidad en la Biblia) plantado allí, sugiriendo conocimiento familiar del crimen. Insistieron en que alguien más sabe: no pudo ser una sola persona, y la causa avanza hacia la verdad.