Las participantes de Gran Hermano protagonizan el momento más clasista al hablar de sus empleadas domésticas, destacando cómo las tratan como familia y les hacen la vida de reinas.
Una cuenta que su empleada le lleva desayuno a la cama, prepara la bañera y está siempre pendiente, mientras otra menciona la suya de Venezuela que le hace sopa cuando está enferma y la considera familia.
Los panelistas analizan el choque de clases sociales en la casa, donde quienes tienen ayuda externa ahora deben lavar platos y cocinar para 28, generando tensiones porque no están acostumbrados.
Se ironiza que parecen reinas de Inglaterra viviendo sin hacer nada afuera, y ahora les toca movida real adentro, con anécdotas de ex participantes que veían lavar platos como terapia.
Destacan que cocinar o limpiar es para toda la casa, no solo lo propio, lo que trae problemas.