Durante la pandemia, aumentaron anosmias, disosmias (distorsiones) y fantosmas (olores inexistentes), como agua podrida o carnes apodrecidas pese a estar frescas.
Las partículas químicas toman "atajos" neuronales distorsionados, llegando alteradas al cerebro en lugar de la ruta normal como la Panamericana.
Estela Maris destaca la necesidad de tutores para quienes perdieron olfato post-COVID, especialmente para alimentación y seguridad.
El olfato es clave en vida diaria, detectando incoherencias como gas o comida mala, y en terapias sexuales por su vínculo con libido.