En el Museo del Carnaval de Gualeguaychú se exhiben trajes emblemáticos como el de Matecito, el payaso que animaba fiestas por mates y participaba en carnavales, donado por su familia a la Casa de la Música.
Las cornetas clásicas de las murgas evolucionaron de vitrolas antiguas y silbatos de caña amplificados, hechas luego con chapa de cajas de galletitas Terrabussi; sirven para protestar contra gobiernos gritando mensajes velados que se entienden pero no son explícitos.
Las carrozas alegóricas son clave en la competencia de cinco comparsas, con dos por temáticas y una de músicos; una desciende anualmente y destaca Juancho Martínez, modista de 92 años que innovó en disfraces.
Personajes como Mascarito usaban máscaras para burlas anónimas con voz aguda en los carnavales, y el museo es imperdible junto al Corsódromo aunque esté cerrado fuera de temporada.