El panelista defiende con vehemencia el estilo confrontacional de Javier Milei en el Congreso, argumentando que los argentinos lo votaron precisamente para romper con las formas hipócritas de la política tradicional que destruyó el país.
Critica duramente al kirchnerismo por insultar a opositores como gorilas o nazis sin que nadie se quejara de las formas, mientras ahora cuestionan a Milei por responderles con la misma crudeza y exponer su corrupción con empresarios como Marcos Quintanilla de FATE y Aluar.
Contrasta con Mauricio Macri, quien con modales impecables fue destruido por la oposición, y elogia la autenticidad de Milei que enfrenta problemas reales como precios exorbitantes de neumáticos, remeras y acero debido a extorsiones industriales.
Desestima preocupaciones formales sobre insultos a Juan Grabois o la vicepresidenta, priorizando el fondo: hambre infantil, inseguridad, adoctrinamiento escolar y hospitales sin insumos, mientras políticos se enriquecen.
Acusa a analistas tradicionales y figuras como Miguel Ángel Pichetto o Dolores Fonzi de no entender el hartazgo popular contra un sistema que empobreció a la mayoría.