Nahuel Gallo, el gendarme argentino detenido 448 días en Venezuela, llegó al Edificio Sentinela en Buenos Aires para chequeos médicos iniciales tras su regreso en un vuelo de la AFA junto a Chiqui Tapia. Viene debilitado por la larga detención y una huelga de hambre reciente, con piel amarilla por falta de sol, solo una hora diaria.
Está aislado sin familia, aunque su esposa María Alexandra y su hijo Víctor esperan en casa. El Sentinela ofrece consultorios externos, no estudios exhaustivos como un hospital militar, generando dudas sobre si está retenido para declarar antes de irse. La familia prioriza su recuperación emocional con abrazos.
La Cancillería Argentina queda expuesta por su impericia, sin rol en el rescate gestionado por la AFA sin su conocimiento, pese a la decisión gubernamental de cerrar representación diplomática en Venezuela. Patricia Bullrich acompañó en Montevideo, pero ahora investigan vínculos AFA-Maduro para desviar culpas.
La esposa publicó un emotivo posteo agradeciendo el milagro tras 445 días de detención forzada, sugiriendo acciones judiciales por negligencia, especialmente los primeros 60 días sin acción oficial. No hay palabras del Ministerio de Seguridad sobre su estado o pasos siguientes.