Guillermo Francella denuncia el desolador panorama de la industria audiovisual argentina, donde no se filma nada, la televisión abierta desapareció y sus hijos actores están sin trabajo continuo, con plataformas dominando y falta de oportunidades como los unitarios y tiras de antes.
El actor critica el cine nacional premiado que le da la espalda al público, yendo solo a cuatro espectadores como la familia del director, sin identificación ni representación popular, mientras rechaza obras que dejan al público preguntándose si terminaron.
Francella defiende la autonomía financiera del INCAA, que se postergó gracias a Dios, y lamenta la grieta y fanatismo entre actores que genera desaires en premios, aclarando que no está en ninguna vereda sino viviendo la realidad argentina.
El panel lo acusa de caradura por cambiar de opinión: antes dijo que el INCAA financiaba porquerías que nadie veía, como en programas mileístas, y ahora lo defiende; atribuyen el giro a que sus hijos le explicaron la falta de laburo, comparándolo con jubilados que apoyan a Milei pese a todo.
Discuten si es contradicción o la realidad se impone sobre la grieta, extendiendo el debate a desocupación general, reforma laboral que derogó el estatuto del periodista y necesidad de empatía más allá de lo personal.