Suenan sirenas de alerta en todo el centro de Israel por masivos ataques con misiles balísticos y drones lanzados desde Irán. Marcelo, en conexión desde un refugio en Israel, describe una sociedad hiperpreparada para la guerra, en su séptima desde la fundación, tras el ataque de Hamas el 7 de octubre.
Los drones iraníes Shahed, de 200 kilos y baratos como un enjambre de abejas, saturan las defensas israelíes pese a su tecnología superior, incluyendo por primera vez un sistema láser de última generación. Estos causan no solo daños militares y humanos, sino una profunda psicosis de guerra en la población, comparables a una manzana entera destruida por cada uno con 500 kilos de explosivos.
Estados Unidos moviliza portaviones como el Gerald Ford en el Golfo Pérsico y aplica una doctrina de descabezamiento de cúpulas, evitando avances terrestres para no sufrir bajas, especialmente sensibles para Donald Trump en año electoral. Críticas internas de republicanos como Tucker Carlson cuestionan por qué EE.UU. sigue a Israel en lugar de liderar.
Irán, con un ejército masivo de más de un millón sumando Guardia Revolucionaria y reservistas bajo la doctrina Nación en Armas, está preparado para una guerra larga según su canciller, mientras Israel promete continuar hasta neutralizar amenazas. El Mossad ayuda a la oposición interna iraní para un cambio desde adentro.
El conflicto genera tensiones económicas por petróleo, pero EE.UU. como exportador no depende tanto, enfocándose en complicar suministros a China. La guerra combina terror psicológico con drones, similar a Ucrania, donde Rusia usó tecnología iraní.