Argentinos radicados en Israel como Claudio, Karina y Nicolás Fleiderman relatan su vida cotidiana marcada por sirenas de misiles de Hezbollah e Irán, pero mantienen rutinas normales y celebraron la muerte del ayatolá iraní, a quien culpan por atentados como el de la AMIA.
Su mudanza fue un proyecto familiar exitoso: los hijos se adaptaron al país, aprendieron el idioma, forman vínculos, disfrutan libertad nocturna y evitan problemas graves como las drogas que azotan a los jóvenes en Argentina. La familia en Argentina se preocupa por las noticias, pero videollamadas diarias los tranquilizan mostrando su calma real.
Daniel Golubok, desde Alpemenaste en Samaria a 35 km de Tel Aviv, enfrenta alarmas cada dos o tres horas pero celebra el carnaval judío de Purim con un asado familiar pese a todo. Se mudó para criar a su familia en seguridad como judíos, consciente de que Israel, con nueve millones de habitantes, está rodeado por cien millones de enemigos en las fronteras.
A sus 65 años, sargento retirado del ejército israelí, Daniel patrulla las fronteras armado con pistola y fusil como voluntario para prevenir invasiones como la matanza del 7 de octubre de 2023. Toda su familia sirvió en unidades de combate y él está dispuesto a dar la vida por Israel y sus once nietos.