Argentinos radicados en Israel como Claudio, Karina y Nicolás Fleiderman relatan su vida cotidiana marcada por sirenas de misiles de Hezbollah e Irán, pero aseguran que mantienen rutinas normales. Celebraron la muerte del ayatolá iraní, a quien culpan por los atentados a la AMIA donde perdieron una amiga, viéndolo como cierre de impunidad para Argentina.
Explican protocolos durante alertas: en auto se alejan del vehículo, se tiran al suelo cubriéndose la cabeza y esperan. Lugares de trabajo tienen refugios seguros, y las ciudades son compactas como barrios porteños, por lo que alarmas de áreas vecinas se escuchan. Usan apps para alertas personalizadas, incluso para bases militares de familiares.
Karina, psicóloga, detalla manejo de traumas: formación en post-trauma, técnicas cognitivo-conductuales, relajación y afrontamiento. Para niños, aceptan el miedo como emoción protectora, convierten habitaciones seguras en espacios lúdicos con juegos, títeres y canciones; padres deben transmitir calma y validar el susto.
El 7 de octubre fue traumático para todos, con masacre inicial desconocida que generó pánico; Nicolás, con 26 años allí, lo integra a la rutina para mirar adelante. Flexibilidad laboral permite ausencias sin descuento por alertas o cuidado de hijos. Indignación ante negacionistas: ignorancia en redes.