Dos argentinas residentes en Dubái, Delfina de Martín Coronado (3 de febrero) y su amiga Agustina de San Carlos (La Plata), describieron en vivo su calma ante el conflicto pese a misiles interceptados como "estrellas fugaces" cerca de La Palmera e islas artificiales, con estruendos pero sin daños en el Burj Khalifa. Los aeropuertos permanecen cerrados por aviones navales, hoteles dan habitaciones gratis, y ellas evaluaron irse al desierto o bunkers, aunque un amigo exmilitar las tranquiliza.
Como emprendedora con visa freelance, Delfina trabaja en extensiones de pestañas y cursos online para Latinoamérica, ganando sueldos variables pero superiores a México, aunque la vida cuesta caro: una habitación alquila por 3.000 dirhams (unos 1.000-2.000 dólares). No se arrepienten de mudarse jóvenes (22-25 años), destacan la información constante del gobierno emiratí vía alarmas en celulares, similar a huracanes en México, y la familia les pide volver a la Argentina tranquila bajo Javier Milei para recargar energías.
Adaptadas tras choque cultural inicial (vestimenta, comida, religión), hablan inglés y elogian la hospitalidad de la sociedad multicultural (90% extranjeros), con hombres caballeros no machistas. Viven "bombardeando el paraíso" cerca del lujo mundial, pero mantienen rutina normal: gimnasio, trabajo a domicilio, supermercado, gente cruzando puentes como cualquier día, confiando en radares y defensas del gobierno. Más calmadas que turistas varados por su experiencia en México con narcos como Mencho.
Compartieron opiniones mixtas entre compañeros multiculturales sobre ataques de Israel y EE.UU., amigas iraníes ante muerte de líder, sin miedo a impacto económico en su trabajo. Pausaron para "último momento": video de streamer con misil "kiraní" reventando departamento (desmentido como invención), explicaron sistemas THAAD y Patriot PAC-3 como en Israel y Jordania (no 100% efectivos), y citaron mensaje de Donald Trump en redes: Irán quiere negociar tarde, su defensa destruida.