La zona del Congreso luce militarizada de forma permanente con carros de asalto, efectivos de la Policía Federal, Seguridad Aeroportuaria y Prefectura, independientemente de las marchas, como parte de una decisión política del gobierno.
Periodistas critican esta presencia masiva, que incluye autobombas, hidrantes y unidades de Guardia e Infantería instaladas en garages cercanos, transformando la Plaza de Mayo en un área hostil con vallas y bloqueos constantes.
Se menciona la reubicación de fuerzas federales desde barrios de emergencia a esta zona, decisión de Patricia Bullrich que generó protestas, priorizando el control del Congreso sobre otros planes de seguridad como Bandera o Güemes.
Personal de Prefectura y otras fuerzas expresan descontento por tareas no habituales, mientras la imagen política busca mostrar ausencia de protestas mediante despliegue abrumador.