El investigador Christophe Lafache desclasificó documentos militares que prueban el uso sistemático de gases tóxicos por el ejército francés contra guerrilleros argelinos en cuevas durante la guerra de independencia desde 1954. Soldados como Jean Bidélon y Armand Casanova confiesan haber participado en operaciones donde helicópteros lanzaban granadas y botes de gas CN2D para asfixiar a los rebeldes y obligarlos a rendirse.
En una operación del 4 de mayo, el pelotón introdujo tubos sopladores y usó cuatro botes de CN2D en una cueva ocupada por 11 rebeldes, incluyendo oficiales. Los soldados penetraron con máscaras, enfrentando pasajes estrechos y altas concentraciones de gas que causaban quemaduras y asfixia. Armand Casanova describe el terror interno pese a la fachada de valentía, y cómo el gas persistía en las paredes por años.
El experto Claude Lefebvre explica que el CN2D combina cloroacetofenona y derivados arsenicales como adamcita, provocando vómitos, ardor pulmonar y muerte por asfixia en 15 minutos sin protección. Las cuevas quedaban inutilizables por 10-12 años. Veteranos recibieron condecoraciones como la cruz de bronce pese al silencio posterior sobre estos actos.
Sobrevivientes de la masacre en Ushetú en marzo de 1959, como Amar Agun, relatan el horror: gases provocaron tos con saliva verde, asfixia y muerte de 150 aldeanos, cuyos cuerpos azules e hinchados fueron enterrados en fosas comunes. El agua para lavar a los sobrevivientes salía verde.