La muerte del líder supremo iraní Ali Jamenei por ataques de Estados Unidos e Israel desata la mayor crisis de sucesión desde 1979, activando un consejo interino con el presidente Masoud Pezeshkian, el jefe judicial Gholam Hossein Mohseni-Ejei y el clérigo Alireza Arafi para garantizar continuidad mientras la Asamblea de Expertos elige sucesor.
El proceso constitucional no está diseñado para guerra, generando tensiones internas entre conservadores, radicales y militares; el régimen podría radicalizarse, activando milicias y apoyos a proxies como Hezbollah en Irak, Líbano y Siria.
Donald Trump insiste en negociar con el nuevo liderazgo si Irán desvincula sus programas nucleares y de misiles balísticos, combinando presión militar con diálogo para forzar concesiones; la sucesión prueba la supervivencia del régimen y podría llevar a radicalización regional o cambio histórico si negocia desde debilidad.
Expertos advierten que en política internacional, negociaciones desde herida buscan ganar tiempo, donde el tiempo es poder.