Shenzhen, la metrópoli tecnológica de la República Popular China, representa las ambiciones del país por liderar en innovación, con avances como drones que entregan bebidas como té helado directamente a los peatones en puntos de aterrizaje urbanos.
Kirsten Zenz, empleada de Huawei, destaca que en China las ideas se implementan sin límites y a gran velocidad. La ciudad prueba taxis autónomos sin conductor, como un coche japonés con software chino que realiza giros en U fluidos incluso en tráfico desafiante.
Estas tecnologías reciben apoyo estatal porque el presidente Xi Jinping impulsa el gran sueño de convertir a China en una nación moderna y fuerte para mediados de siglo, aunque gobierna con mano autocrática bajo el Partido Comunista, buscando superar a Estados Unidos.
Shenzhen batió el récord mundial con el mayor número de rascacielos por encima de los 200 metros, dejando atrás a Nueva York. Antes de 1980 era una aldea de 30.000 habitantes, pero Deng Xiaoping la convirtió en zona económica especial, acelerando su explosivo crecimiento.
Europa enfrenta riesgos en su relación con China, socio comercial pero rival en espionaje y ventaja competitiva, con proyecciones de más de mil ojivas nucleares para 2030.