Nahuel Gallo, cabo de Gendarmería, se reencontró con su familia en Ezeiza tras 448 días detenido en Venezuela, alzando a su hijo Víctor, quien cumplió tres años y pasó dos cumpleaños sin él. La liberación la gestionó la AFA con un avión charter que escaló en Ecuador, liderado por dirigentes como Claudio Tapia, sin informar previamente al gobierno argentino.
En prisión en el Rodeo 1, Gallo enfrentó torturas extremas, incomunicación total y amenazas de muerte, especialmente cuando crecía la presión de Estados Unidos por una posible acción militar. Nunca recibió visitas ni paquetería básica, y su familia vivió un infierno de incertidumbre, con imágenes falsas difundidas para simular condiciones dignas.
La ministra Patricia Bullrich confirmó que la gestión de la AFA fue sorpresiva; ella se enteró ayer del traslado. Gallo rompió la incomunicación con una llamada a su esposa María Alexandra, quien abandonó la huelga de hambre. Las acusaciones en su contra, como espionaje, fueron mediáticas vía Diosdado Cabello, sin causa formal conocida.
En Venezuela persisten más de 500 presos políticos y 50 extranjeros; queda un argentino por liberar, Germán Darío Julián, trasladado a Yare II. El régimen acelera excarcelaciones con medidas restrictivas bajo presión de EE.UU. y post-captura de Nicolás Maduro, en fases de estabilización con Delcy Rodríguez, recuperación y transición a elecciones libres.
Actualmente, Gallo está en el edificio Sentinela de Gendarmería en Retiro, donde reportero Alan Ferraro informa en vivo sobre el ingreso por acceso lateral.