Federico Martínez, de 36 años, murió decapitado en Quilmes al chocar contra un cable de metal recubierto de plástico colgado en la avenida 12 de Octubre, sin ningún aviso ni señalización, mientras regresaba de pescar con su hijo de 11 años.
El cable fue colocado por vecinos para un festejo de carnaval no autorizado por el municipio, en el último día de los corsos, y no tenía carteles, cintas ni obstáculos para alertar a los transeúntes. El siniestro ocurrió pasadas las 19 horas, y el niño resultó con raspones leves gracias a los cascos que llevaban ambos.
Daniel, cuñado de la víctima, denunció la negligencia total de la organización del evento, que causó una lesión irreversible en el cuello de Martínez por pérdida masiva de sangre. Vecinos contuvieron al niño para que no viera la escena.
Periodistas calificaron el hecho como tercermundista e inadmisible, destacando la falta de medidas básicas de seguridad como tachos o carteles en una calle aparentemente cortada sin permiso oficial.