Javier Milei inauguró las sesiones ordinarias en el Congreso y anunció que cada ministerio preparó 10 paquetes de reformas estructurales, con un proyecto mensual para tratar en el Congreso durante nueve meses ininterrumpidos, conformando un año calendario de reformas para rediseñar la arquitectura institucional de Argentina.
El presidente ratificó su política económica con apertura de importaciones, desregulaciones, privatizaciones y crecimiento del 10% en los últimos dos años, señalando que el lineamiento es inamovible y quien no se adapte deberá hacerlo. Mencionó reformas impositiva, judicial y otras, aunque de manera general sin detalles específicos por la cantidad.
Durante el discurso cargó contra el kirchnerismo llamándolos ignorantes, ladrones, delincuentes, mentirosos y asesinos de Nisman, disfrutando de hacerlos llorar y domarlos, mientras respondía chicanas de los diputados que le gritaban, comportándose como un showman histriónico pero con fundamento.
También criticó a empresarios protegidos por regulaciones que roban al argentino mediante sobreprecios y licencias de importación, identificando a Techint y Fate como ejemplos de quienes defienden proteccionismo para beneficiarse, acusándolos de siniestros, golpistas y de abrazar la bandera para robar.
Milei llegó seguro controlando ambas cámaras sin miedo a juicio político, marcando al kirchnerismo como enemigo para solidificar su electorado, en una apertura de sesiones particular con pocos precedentes históricos.