Los delincuentes menores entrevistados, como Latillo Fácil de 16 años, admiten criarse en la calle sin familia y liderar bandas de chicos de 13-15 años con pistolas tumberas. Se hacen los duros pero se quiebran al preguntarles por cumpleaños o padres, revelando vulnerabilidad infantil pese a su madurez criminal.
Gastan ganancias en fripi, rechazan ofertas de laburo o casa del Estado y planean reclutar más chicos de 12 años. Ven su futuro en 10 años como muertos y no paran por bajar la edad de imputabilidad.
El periodista denuncia bronca por ausencia estatal en barrios del conurbano, donde pibes cocinan droga y se suicidan con pistolas, mientras YouTube censura videos por mostrar menores. Pide más Estado para evitar que la cultura de la delincuencia los absorba, criticando ocultamiento de la realidad.
Vecinos del barrio 1114 extrañan protección de narcos como Marco Estrada González contra robos piraña, ahora dominados por Negro Paco y menores extorsionadores que amenazan incluso a mujeres.