El avión con el gendarme Nahuel Gallo, detenido 448 días en Venezuela por una acusación de terrorismo, desciende sobre Luján rumbo al aeropuerto de Ezeiza. La familia, con su esposa María Alexandra y su hijo bebé de 15 meses a quien no veía desde recién nacido, espera en una zona segura rodeada de 80 vehículos de Gendarmería, PSA, ambulancias, tanquetas y equipo de contención emocional para el reencuentro.
Patricia Bullrich, ahora senadora, llegó en comitiva al lugar en medio de la oscuridad junto a un megoperativo de seguridad. Sin embargo, el gobierno omite el rol clave de la AFA, que gestionó un puente humanitario con la Federación Venezolana de Fútbol vía Claudio Tapia y Alejandro Domínguez de Conmebol, iniciado en el Sudamericano Sub-20, ante la falta de canales diplomáticos por la rotura de relaciones bajo Javier Milei.
Periodistas critican la impericia supina de Cancillería y Ministerio de Seguridad, que demoró 60 días la liberación por no dialogar con Venezuela, a la que humillan permanentemente. Diplomáticos como Marcela Pagano y Oscar Laborde también colaboraron en las gestiones discretas, ignoradas por el oficialismo que intenta atribuir la demora al gobierno venezolano.
En vivo desde Ezeiza, reportera Mariela López Brown detalla las cápsulas de seguridad, hangar de Aerolíneas Argentinas y constación médica obligatoria por el estado de salud de Gallo tras la detención arbitraria. El piloto Tiago David maneja el LJ-60 que hizo escalas desde Caracas vía Arica, aterrizando en minutos para el emotivo regreso.
Panelistas destacan que cada día preso cuenta en la desesperación familiar, y cuestionan si Nahuel Gallo figuraba en la agenda gubernamental, ya que no hubo comunicados ni apoyo público a la familia durante meses.