La doctora Elena, jefa del Servicio de Infectología del Hospital Municipal de Boulogne en San Isidro, explica que el 99% de los adultos argentinos tuvieron varicela en la infancia y el virus queda latente en ganglios sensitivos, reactivándose en uno de cada tres como herpes zóster o culebrilla debido a bajada de defensas por edad, estrés, inmunosupresión o enfermedades como VIH, cáncer o psoriasis.
El virus sale de los ganglios, destruye neuronas y genera dolor neurítico intenso como un cable pelado, con síntomas previos de hormigueo o molestia por ropa dos días antes de las ampollas en racimo, usualmente en un lado del cuerpo, intercostal o facial, pudiendo afectar ojo o oído y causar ceguera si no se trata rápido.
La animación muestra cómo el virus viaja por nervios a la piel provocando entumecimiento, dolor y sarpullido rojo con ampollas que se llenan de pus, rompen y forman costra en 3-5 días, durando 1-2 meses, pero hasta el 12% recurre en otro sitio y mayores de 80 años uno de cada dos lo padece.
No es contagioso como zóster a inmunocompetentes, pero ampollas pueden dar varicela a no vacunados o sin historia previa si inhalan virus y tienen defensas bajas; tratamiento precoz con aciclovir oral en dosis alta corta el brote, no lo elimina, evitando complicaciones como neuralgia postherpética persistente más de 90 días, más común en ancianos, con dolor incapacitante que impide actividades diarias.
Evitar cremas locales o corticoides que empeoran, usar frío o talco mentolado; en inmunosuprimidos requiere intravenoso o internación para prevenir encefalitis o hepatitis; vacunación contra varicela desde 2015 en chicos de 15 meses reduce riesgo en subpoblación joven.