En la zona norte de Salta, específicamente en Santa Victoria Este, las comunidades indígenas de etnias chorotes, chirupis y huichis enfrentan una vulnerabilidad extrema por desnutrición infantil, caminos intransitables y falta de servicios básicos. La región es tan ignorada que muchos argentinos ni siquiera la conocen, lo que genera críticas por la indiferencia de quienes toman decisiones políticas.
Un equipo de 14 profesionales, incluyendo nutricionistas, trabajadores sociales y psicopedagogos, trabaja de lunes a viernes atendiendo a 430 niños en 22 comunidades. Realizan controles nutricionales semanales para casos graves, entregan leche para seguridad alimentaria y recomiendan hervir agua de pozo para evitar diarreas y vómitos en familias sin acceso a agua potable.
Los problemas se agravan en meses de lluvia, con inundaciones que aíslan comunidades como Patapila, La Puntana y La Rosa, aumentando resfríos, fiebres y pérdida de peso en niños que dejan la escuela por falta de alimentación. Muchas familias carecen de luz, gas y DNI, impidiéndoles recibir la Asignación Universal por Hijo, y dependen de economías informales y programas sociales.
En visitas a hogares con 18 familias, se detectan niños con bajo peso, riesgos de ahogo por mucosidad y amenazas como víboras y arañas. El equipo prioriza prevención para evitar hospitalizaciones, organizando cronogramas en épocas críticas como octubre a febrero, cuando la pesca escasea y los ríos suben.
La falta de reconocimiento de esta Argentina profunda revela una perversidad en la gestión estatal, ya que pese a las alertas por crecidas de ríos y necesidades básicas, las respuestas son insuficientes y tardías.