El comercio minorista porteño sufre una fuerte caída en las ventas, con locales cerrados a lo largo de avenidas como Corrientes, Ángel Gallardo y Díaz Vélez, según denuncian panelistas y un kiosquero en vivo. La gente prioriza compras esenciales y ha perdido hábitos de consumo por los altos precios persistentes.
Panelistas debaten la reactivación económica: mientras sectores como agro, energía y bancos crecen, industrias y comercios entran en caída libre. Nacho Bongiovanni argumenta que se necesita crédito barato para estimular la construcción, pero las altas tasas de interés frenan la actividad para controlar la inflación, que el gobierno bajó drásticamente.
Un kiosquero de Caballito reporta cero consumo al inicio de clases, con aumentos en tarifas eléctricas, colectivos y productos que superan la inflación oficial cercana a cero. Grandes cadenas y productos importados compiten, pero la gente prefiere marcas nacionales que no compra por falta de dinero.
Se critica la reconversión industrial forzada por la apertura comercial, con ejemplos como neumáticos locales más caros y de peor calidad que los chinos. Aunque no subió el desempleo formal, hay 20.000 empresas cerradas y 290.000 empleos menos, y crece la informalidad con más monotributistas y conductores de Uber.
Los panelistas chocan: unos ven esperanza en inversiones petroleras y reformas, otros exigen políticas para recomponer salarios y un modelo productivo que no deje afuera a pymes y comercios tradicionales.