En las calles de Barracas a pleno mediodía, los periodistas recorren comercios y encuentran movimiento mínimo porque la gente no tiene plata para gastar, coincidiendo con aumentos en subtes, luz, gas, agua, peajes y colectivos que arrancaron en marzo. Comerciantes como Damián de una librería confiesan que las ventas vienen mal desde noviembre, peor que el año pasado, con clientes que reutilizan mochilas y lápices del año anterior en vez de comprar nuevo.
Los gastos fijos ahogan a los negocios: pagan casi 200.000 pesos de luz y alquileres caros que suben trimestralmente más de lo que las ventas permiten compensar, lo que lleva a cierres de locales en la zona. Vecinos y jubilados entrevistados claman que es "horrible", "no se llega" y "todo aumenta cada día", desde la carne en el supermercado hasta impuestos que no mejoran servicios como la limpieza en la Ciudad de Buenos Aires.
Jubiladas califican de "desastre este gobierno" la situación, diciendo que es "imposible de vivir" con luz, gas y servicios por las nubes, recurriendo a hijos, magia o tarjetas explotadas para sobrevivir. En una lencería, las empleadas revelan que la gente compra bombachas y corpiños solo cuando se rompen, optando por lo más barato con promociones, mientras caen drásticamente las ventas pese a 10 años en el rubro.
Otras vecinas limitan salidas, lujos y entretenimientos como cafecitos o almuerzos fuera, compartiendo sándwiches en casas en vez de bares. Un pintor de changas confirma que no hay laburo porque nadie paga presupuestos, cobra menos para sobrevivir y paga 500.000 pesos de alquiler manteniendo a la familia en una economía que "va para atrás".